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Contaminación lumínica

Menos luz, más oscuridad

Hace poco más de un siglo que se generalizó el uso de la luz eléctrica y, sin embargo, ya no podemos imaginar sin ella nuestras vidas, ni tampoco el funcionamiento de la sociedad humana actual. Y mientras la iluminación artificial se sigue extendiendo e intensificando junto al aumento de la población y de la urbanización del territorio, ha sido solo en los últimos años cuando se han empezado a estudiar seriamente los efectos de la luz (o más bien de la ausencia de oscuridad) sobre la salud humana y medioambiental.

¿Daños a la biodiversidad?

Una introducción a este asunto nos la dan los investigadores Emmanuel Desouhant, Thierry Lengagne y Nathalie Mondy en el artículo Los estragos de la contaminación lumínica, aparecido en la revista Investigación y ciencia. Allí señalan la gran influencia que tiene en los seres vivos la alternancia entre el día y la noche y muestran cómo el exceso de iluminación está afectando a numerosas especies de distintas formas: provocándoles cambios en sus reacciones hormonales, confundiendo su sentido de la orientación o limitando su capacidad de reproducción; y en el caso de las abejas y de otros insectos, perjudicando el proceso de polinización.

Por todo ello, y todavía a la espera de estudios más completos, los autores ven indicios de que la contaminación lumínica puede estar dañando a la biodiversidad. Sirva como ejemplo que simplemente la luz de las farolas atrae y acaba con la vida de miles de millones de insectos cada año, que se encuentran en la base de la cadena trófica. Para paliar el problema y evitar que se agrave, proponen que, una vez que se produzca una toma de conciencia por parte de ciudadanos y administraciones, se considere el reducir la iluminación a lo mínimo imprescindible, del modo en que ya se está haciendo con iniciativas como la promovida en España por la Fundación Starlight.

Recuperar la oscuridad

El científico Johan Eklöf también lleva años estudiando la contaminación lumínica. En su libro Manifiesto por la oscuridad explica por qué necesitamos a ésta última tanto los humanos como los ecosistemas y da la voz de alarma sobre su desaparición en gran parte del planeta. Aludiendo a muchas de sus observaciones y experiencias personales, nos muestra cómo la noche es el nicho ecológico propio de muchas especies que ahora ven su supervivencia en peligro ante el aumento de la luminosidad nocturna.

Pero también dedica una parte del libro a hablar de la relación del ser humano con la noche y a mostrar cómo influye en la salud la exposición excesiva a la luz, y concluye analizando los beneficios psicológicos que proporciona la oscuridad y proponiendo un ‘Manifiesto’ con diez lemas o consejos para que la recuperemos en nuestra vida cotidiana.

Efectos de la luz sobre la salud

Terminamos con Hicimos la luz… y perdimos la noche, una obra del catedrático y médico Emilio J. Sánchez Barceló centrada en el papel que juega la luz sobre el ser humano y su salud. Como indica su subtítulo, repasa cuáles son los efectos biológicos de la luz y la oscuridad en las personas, al influir en toda una serie de funciones fisiológicas desarrolladas a lo largo de miles de años de evolución y que, con la aparición de la luz artificial, se enfrentan ahora a condiciones ambientales diferentes.

El autor explica cómo la alternancia de luz y oscuridad regula los ritmos circadianos del cuerpo humano o la producción de melatonina, y describe la conexión entre el exceso de luz nocturna y problemas de salud como la tensión alta, la obesidad, el envejecimiento prematuro o la depresión. Y pese a reconocer que la luz artificial también ha encontrado usos positivos en medicina mediante la ‘luminoterapia’ o que se ha comprobado que puede mejorar el rendimiento cognitivo, concluye que “respetar en lo posible la oscuridad de la noche” evitará efectos negativos en nuestra salud.

Obras recomendadas:

Artículos:

  • Desouhant, Emmanuel; Lengagne, Thierry; Mondy, Nathalie. Los estragos de la contaminación lumínica. Investigación y ciencia, nº 536, 2021, pp. 36-43.

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