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Conciencia animal

Descubriendo la conciencia animal

Un aspecto clave del debate sobre los derechos de los animales es el del grado de conciencia que podemos atribuirles. Tradicionalmente se creyó que solo el ser humano poseía esta cualidad, pero si la extendemos a otros animales nos veremos obligados a cambiar la perspectiva con que los miramos. Hoy recomendamos tres ensayos que nos hablan de diferentes descubrimientos en materia de conciencia y comportamiento animal.

¿Sueñan las ovejas con…?

Empezando por algo tan difícil de medir en apariencia como son los sueños, tenemos el libro Cuando los animales sueñan: el mundo oculto de la consciencia animal, del investigador David M. Peña-Guzmán. A partir de los estudios disponibles sobre este asunto (con pruebas y ejemplos de aves, perros, pulpos, chimpancés o ballenas), el autor especula sobre el modo en que los animales experimentan sus sueños y si estos son similares a las experiencias oníricas humanas, y apuesta por considerarlos una prueba de que los animales tienen un mundo interior.

Como dice Peña-Guzmán en la introducción, “para quienes interactúan con animales como parte de su vida cotidiana, quizás les haga gracia que alguien dedique un libro entero a algo que para ellos es evidente: que compartimos con otras muchas criaturas la capacidad de soñar.” Sin embargo, considera que se debe confirmar esta idea con argumentos científicos para, a partir de ellos, reflexionar sobre sus consecuencias filosóficas y éticas, entre las cuales estaría el reconocer la entidad propia de cada especie animal, y no verlas como una versión inferior del ser humano.

Animales ante la muerte

A otro aspecto muy concreto de la experiencia animal se dedica La zarigüeya de Schrödinger, de la filósofa Susana Monsó, al describir las reacciones y comportamientos que muestran ante la muerte diferentes especies de insectos, aves o mamíferos. Interesada por el estudio de la mente animal, la autora se pregunta si los animales poseen un concepto de la muerte, y para ello repasa diferentes investigaciones y observaciones, aunque siempre con cuidado de no caer en el antropomorfismo.

Casos como el de una orca que no quiso abandonar a su cría muerta durante miles de kilómetros o el de las reacciones de miedo de las zarigüeyas ante la amenazas, pasando por los frecuentes episodios de perros que se comen a sus amos humanos muertos, llevan a Monsó a la conclusión de que no somos ni mucho menos el único animal que es consciente de la mortalidad.

Más que humanos

Todos estos descubrimientos conducen inevitablemente a la cuestión de la cercanía del ser humano con el resto de los animales, tal como se plantea en Humanimales: abrir las fronteras de lo humano, de la filósofa Marta Segarra. Bajo el término ‘humanimal’, que ya tiene varias décadas de uso, el libro engloba aquellos lugares de encuentro en los que “la distinción estricta entre humano y animal se tambalea hasta difuminarse, mostrando hasta qué punto ambas categorías se hallan imbricadas en un único tejido de la vida”.

Al analizar “zonas de contacto” entre animales y seres humanos, como el mundo de los afectos, el trabajo, las formas de comunicación o la enfermedad, Segarra expone numerosas contribuciones a este debate extraídas de la filosofía, el arte y la cultura popular, para concluir que la misma concepción del ser humano se puede ver transformada si se tiene en cuenta a los seres vivos de su entorno.

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