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Redescubrir lo salvaje

Volver a lo salvaje

La gran distancia que ponemos en la actualidad entre nuestra vida diaria y la naturaleza ha hecho que en ocasiones lleguemos a percibirla como una fuente de peligro (lo que, no obstante, es a menudo realmente así si no se tiene la preparación o los conocimientos adecuados) o, como mínimo, de incomodidad. Y sin embargo, los entornos naturales salvajes siguen despertando nuestra curiosidad y también el instinto de aventura y descubrimiento de muchas personas, como muestran los testimonios recogidos en las lecturas de hoy, que nos hablan de experiencias bajo condiciones extremas que han provocado en sus protagonistas un sentimiento de comunión con la naturaleza.

Solo en el bosque

Empezamos por la experiencia del fotógrafo y ecologista Geoffroy Delorme, que en El hombre corzo nos cuenta los años pasados en soledad casi absoluta en un bosque siguiendo y observando a varios animales, principalmente corzos, especie en la que se ha vuelto un experto. Tras ganarse su confianza con su presencia pacífica, llegó a entablar una auténtica relación de amistad con uno de ellos.

Delorme nos habla del comportamiento de estos animales y del aprendizaje que para él mismo supuso el observarlos, ya que de allí extrajo tácticas para subsistir en condiciones muy duras. Este punto de vista privilegiado le permite dar en su libro una visión única de la vida animal, al apreciar la complejidad y profundidad que pueden alcanzar las actitudes corzos, zorros o jabalíes y dar cuenta de vidas casi siempre trágicas que sucumben ante el ataque de los depredadores, incluidos los humanos.

Rastrear lo salvaje

Otra experiencia de observación de grandes animales es la que nos ofrece el filósofo Baptiste Morizot en El rastreador, donde relata varios viajes al encuentro de osos, leopardos o lobos, y también en busca de la fusión con el medio natural. Comenzando por poner en duda el mismo término de ‘naturaleza’ por lo que implica de separación entre el ser humano y su entorno, el autor sitúa al acto de rastrear en el centro de su acercamiento a la vida salvaje y le da una importancia vital para recuperar el contacto con esas especies que quedan al margen de la civilización.

Morizot describe mitos y tradiciones asociadas a las especies a las que se acerca, desde los osos de Yellowstone hasta los lobos de una zona de la Provenza, mostrando la dimensión espiritual que se le ha dado en muchas culturas a la relación con elementos de la fauna salvaje.

La huella del lobo

Pero el contacto con la vida silvestre, tanto animal como vegetal, era común hasta hace pocas décadas para la mayoría de los seres humanos, y quizá un caso paradigmático sea el del lobo, como nos explica el naturalista y activista Luis Miguel Domínguez en Lobo: historia, ciencia y conciencia, donde nos habla de nuestra larga relación con esta especie a través de la historia, así como del impacto positivo, quizá poco conocido, que ha dejado en la cultura humana.

Firme defensor de la protección del lobo ante los debates de los últimos años, Domínguez dedica este libro a hablarnos de las huellas que ha dejado en la historia, la literatura, el arte o la cultura popular, y reivindica como un patrimonio especialmente valioso el de la fauna que acompaña a pueblos y comunidades en distintos lugares del planeta.

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