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Escritoras latinoamericanas: naturaleza, distopías e identidad

Escritoras latinoamericanas: naturaleza, distopías e identidad, por Sheila Pérez Murcia

Esta semana especial, previa al Día del Libro, ofrecemos nuestro espacio de Lecturas Verdes a Sheila Pérez Murcia, una de las participantes en el Club de Lectura del CDAMAZ y gran conocedora de la literatura ambiental latinoamericana, fruto de su estancia de varios años en Uruguay.

Os invitamos a compartir también vuestras recomendaciones en este blog abierto a todas las lecturas ambientales. ¡Esperamos vuestras propuestas!

La producción literaria latinoamericana siempre ha sido una referencia y en los últimos años ha experimentado una creciente publicación e interés por parte de las editoriales españolas e internacionales. Distopías, novelas ecogóticas, relatos que hibridan lo biográfico y la investigación botánica también llegan a las estanterías del CDAMAZ. Invitamos a la lectura de una selección de tres libros, dos ficciones distópicas y un «ensayito autobiográfico», que cuentan desde el sur la fragilidad de unos paisajes naturales que son espejo de nuestros mundos afectivos.

El punto exacto en el que nacen los gusanos

Amanda está tumbada, inmóvil, es consciente de que se muere y sin embargo, está tranquila, mientras una voz le pregunta por los detalles. Los detalles, la observación minuciosa de las escenas son lo más importante para entender cómo y por qué la protagonista llegó a esa especie de final sin salida en la novela Distancia de rescate, de la autora argentina Samanta Schweblin. Narrado en forma de diálogo febril entre Amanda, la protagonista, y David, el hijo-monstruo de su vecina Carla, lectoras y lectores vamos conociendo fragmentaria e interrumpidamente los detalles de la relación entre las dos mujeres y su entorno: un campo argentino intoxicado por los pesticidas y agrotóxicos empleados en los campos de monocultivo de soja, que intoxican su maternidad y las infancias que allí habitan. La culpa, la figura de la mala madre, el miedo a no poder cuidar (la distancia de rescate es esa «distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola») y garantizar la salud y la vida de los hijos en un territorio enfermo —o enfermado—, se multiplican como gusanos en la podredumbre de este relato.

Había una vez una vez. ¿Lo que nunca hubo? Lo que nunca más

Sin saber bien cómo, en una ciudad portuaria que podría ser Montevideo, pero podría ser cualquier otra ciudad, una mujer trata de comprender en qué momento se desmoronó su mundo conocido. Una epidemia que llega como veneno invisible, en forma de viento rojo, afecta a la ciudad y provoca la muerte de peces, la migración de aves y la escamación de la piel humana. La narradora y protagonista de la novela Mugre rosa, de la uruguaya Fernanda Trías, se debate entre el duelo por el pasado perdido y el futuro que no será más, al menos no cómo lo había imaginado. Mientras trata de sobrevivir a la peste que asola su cotidianeidad, busca comprender la crisis afectiva que golpea su vida: una ruptura matrimonial, una madre desapegada y un extraño vínculo familiar con un niño al que vigila/cuida con un hambre insaciable que devora y engulle con violencia. La mugre rosa se extiende desde la orilla del río e invade, imperceptiblemente, cada recoveco de su paisaje más íntimo y personal.

Ser clavel del aire

«¿Qué raíces me representan?» se pregunta la escritora argentina radicada en España, Clara Obligado, en Todo lo que crece. Un breve ensayo autobiográfico estructurado en dos partes, sur y norte, en el que la autora se acerca a la Naturaleza desde lo cotidiano, lo concreto, lo doméstico. Un viaje desde la extensa pampa de su infancia hasta el Madrid actual, atravesado por lecturas, plantas, paisajes y el constante desglose etimológico de las palabras, que indagan en las posibilidades que ofrecen nuevas identidades. Clara recala en la problemática de las categorías encorsetadas, de la memoria rígida y recurre al jardinero francés Gilles Clément y su noción de «tercer paisaje» para pensar su propia identidad como un refugio con su particular dinámica, inesperado, sin que lo planten. Cabe destacar la maestría narrativa y la sensibilidad poética de la autora a través de su lenguaje mestizo: malvones/geranios, macetas/tiestos, jacarandás o encinas, una luna que crece al revés en el hemisferio norte.

A la pregunta inicial, la autora responde que prefiere ser un clavel del aire (tillandsia aeranthos), una planta de raíces aéreas que no precisa de tierra para vivir y le basta la fragilidad de un árbol, una piedra o una patria para ser.

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