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La naturaleza como origen del arte

La naturaleza como origen del arte

Durante este mes de febrero podéis disfrutar en el CDAMAZ de una nueva exposición de ASAFONA, la Asociación de Fotógrafos de Naturaleza a la que acogemos cada año y que en su selección de lo mejor de 2023 nos trae paisajes, plantas, animales o puestas de sol, en una nueva muestra de la variedad de las experiencias estéticas que la naturaleza puede ofrecer.

¿Animales artistas?

Sobre ello reflexionó el filósofo y profesor de Estética Étienne Souriau en El sentido estético de los animales, una obra en la que, a partir de la belleza evidente de las imágenes de la naturaleza y de la observación de algunas actividades que los animales realizan sin finalidad aparente, llegaba a preguntarse si estos poseían algún tipo de sentido “artístico”, aunque fuera de un modo diferente al de los humanos.

Souriau estudió aspectos del comportamiento animal en los que pudieran encontrarse componentes estéticos, como la forma de moverse de caballos, insectos o serpientes, los cantos de las aves, el camuflaje de los peces o las actividades constructivas y “artesanales” de ratones, abejas o pulpos; y explicó que las sensaciones de disfrute artístico que experimentamos los seres humanos ya existían en nuestra especie antes de la aparición del arte, motivadas por la contemplación de la naturaleza.

Jardines pintados que nos hablan

Pero a partir de esta estética natural, la humanidad no ha dejado de crear sus propias representaciones, primero en forma de jardines cultivados y luego pintando estos mismos jardines, como nos muestra el nuevo libro de Eduardo Barba, que si en una obra anterior nos hablaba de las plantas y los elementos botánicos presentes en cuadros del Museo del Prado, ahora en El paraíso a pinceladas recoge obras célebres de la pintura o la escultura en las que se retrata un jardín.

Con su mirada de jardinero, Barba describe en detalle la vegetación y el diseño de esos jardines pintados que encontramos en cuadros de Velázquez, Monet o Sorolla, o en obras anónimas del antiguo Egipto o de la civilización mesopotámica, ofreciéndonos además con todo ello una panorámica de las formas que han adoptado los jardines en distintos climas, épocas y culturas.

Ilustraciones útiles y bellas

Nuestra última recomendación nos muestra de forma aún más detallada otro elemento de la naturaleza. Setas en el arte botánico es una recopilación de ilustraciones históricas de origen europeo y japonés por parte del micólogo Toshimitsu Fukiharu. Extraídas de publicaciones de los siglos XVIII y XIX en las que se plasmaban diferentes tipos de setas con una finalidad informativa, hoy es la belleza estética de estas ilustraciones lo que nos impacta y nos invita a “contemplarlas una y otra vez”, como dice Fukiharu.

Junto a una breve introducción para cada una de las colecciones, el libro se compone principalmente de la reproducción de esas preciosas imágenes que ya no se realizan como tal en la actualidad, puesto que, como explica el libro, la identificación de nuevas especies se produce hoy con herramientas que capturan su información genética pero que no registran necesariamente su aspecto exterior. Sin embargo, como escribe Eugenia Bone en el prefacio, los autores de las ilustraciones parecieron entender que “dotarlas de actitud y espíritu era tan necesario para su misión científica como registrar los colores y los detalles”, y quizá por ello seguimos disfrutando de ellas siglos después.

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